En el marco del natalicio de Luis Donaldo Colosio Murrieta, ocurrido el 10 de febrero de 1950 en Magdalena de Kino, un modesto pueblo en el desierto del estado de Sonora, nació un ilustre mexicano cuyo nombre sigue resonando con fuerza en la historia de México.
Magdalena de Kino era entonces un pueblo de calles sin pavimentar, con casas de adobe y pocas oportunidades. Desde pequeño, Colosio tenía la virtud de ser carismático, con un profundo sentido de comunidad y orgulloso de sus raíces. Desde joven mostró una gran aptitud para los estudios, especialmente en el ámbito de la economía. Aunque sus padres eran de condición humilde, siempre le brindaron el apoyo necesario para alcanzar sus metas. Prueba de ello fue su ingreso al Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM), donde cursó la carrera de Economía.
Durante su etapa universitaria, Colosio destacó por su capacidad analítica y su interés en comprender los problemas económicos y sociales que aquejaban a México. Esta formación académica sería clave en su futuro como líder político, un liderazgo que construyó desde la sensibilidad hacia lo colectivo.
Si bien es cierto que el México de hoy no es el mismo en el que vivió Colosio, también es verdad que la realidad actual mantiene vigentes muchas de las problemáticas que le dolían a Colosio Murrieta: la excesiva concentración del poder, las distorsiones impuestas a la ley, el rezago, el hambre y la sed de justicia, la arrogancia de las oficinas gubernamentales, la desbordada inseguridad y el abandono al campo. Han cambiado de forma, pero no de esencia. El México que describió Colosio en aquel histórico discurso del 6 de marzo de 1994, en la explanada del Monumento a la Revolución, fue la premonición de un país que requería cambios profundos, los cuales, 32 años después, siguen siendo un lamentable pendiente.
México vive una realidad que alterna entre la transformación de un régimen político y la persistencia de las mismas dolencias estructurales que Colosio denunció. Por eso sostengo que la lucha de Luis Donaldo Colosio, su pensamiento y sus valientes palabras están más vigentes que nunca. Como nunca, seguimos viendo un México con hambre y con sed de justicia; un México de gente agraviada por las distorsiones que imponen a la ley quienes deberían servirla.
“Sabemos que el origen de muchos de nuestros males se encuentra en la excesiva concentración del poder; concentración del poder que da lugar a decisiones equivocadas, al monopolio de iniciativas, a los abusos y a los excesos”.
En 1994, diecisiete días antes de su trágico deceso, Colosio denunció un campo empobrecido, olvidado y endeudado, además de jóvenes sin empleo y con escasas oportunidades. Hoy, en 2026, aunque la principal orientación del gasto público se dirige a programas asistenciales, la desigualdad persiste; siguen existiendo niveles de pobreza extrema en municipios lejanos del país, y la falta de acceso a la salud y a una educación de calidad mantiene vigente esa “sed de justicia”.
Colosio hacía un llamado a la unidad, a la paz y a la concordia, advirtiendo sobre las divisiones y los rencores entre los mexicanos. Hoy, México enfrenta una grave crisis de inseguridad y, desde el púlpito mañanero, se pregona la división entre mexicanos. El rencor se ha convertido en una constante del discurso público y la desunión promovida por la llamada Cuarta Transformación, en muchos sentidos, ha derivado en una espiral de violencia que se manifiesta en la narcopolítica, las desapariciones y una inseguridad pública que afecta la vida diaria, contradiciendo el anhelo de “paz y concordia”.
Colosio buscaba una verdadera transformación fortaleciendo la democracia y cuestionando la concentración del poder. En la actualidad, se ha consolidado un nuevo régimen político que se autodenomina Cuarta Transformación, el cual ha cambiado la dinámica del poder, pero también ha hecho suyas la polarización y el debilitamiento de las instituciones democráticas. La incongruencia se ha convertido en su sello distintivo, evocando el rechazo a la incompetencia política que tanto señaló Luis Donaldo Colosio.
Lejos de ser el final de su historia, la muerte de Colosio es, en el ámbito político, una fuente de inspiración para conectar con la gente, para actuar con humildad, para ser factores de cambio e impulsar la participación ciudadana. Hoy, como nunca, la ciudadanía debe estar empoderada, organizada y ser exigente. En la vida de Colosio tenemos no solo una memoria, sino un ejemplo de cómo ejercer la política en territorio: escuchando, proponiendo y despertando conciencias. Hoy, más que nunca, México necesita jóvenes entusiastas, mujeres valientes y hombres con espíritu de servicio.
Colosio no puede ser una luz que se encienda únicamente cada 10 de febrero o cada 23 de marzo. Sus ideales seguirán siendo un símbolo de esperanza para muchos mexicanos, porque en el México de hoy, como nunca, ¡Colosio vive!
GUILEBALDO AGUSTÍN CARO
Secretario General de la Fundación Colosio Filial Puebla.
Cronista Municipal. Licenciado en Derecho por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Diplomado en “Evaluación de Políticas y Programas Públicos” por la SHCP en alianza con la SEP.
Diplomado en “Asesor Legislativo” por la UNAM en alianza con la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión.
Diplomado en “Derechos Humanos: aproximaciones para su defensa” por la Casa de la Cultura Jurídica de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
Director de la Consultoría Excelencia Asesores de Gobierno.
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