Minerva Estrada, una abogada con vocación pública y fe en la justicia social

Desde niña, Minerva no quería ser una sola cosa, quería serlo todo. Su camino no ha sido de etiquetas, sino de causas: una búsqueda constante por aprender, defender y transformar las injusticias que otros prefieren ignorar.

De querer “ser todo” a encontrarlo todo en el Derecho

Cuando era niña, Minerva respondía con una frase poco común a la clásica pregunta escolar sobre el futuro: “Quiero ser todo”. Más que una respuesta impulsada por la ambición en su sentido tradicional, era una expresión de profunda curiosidad y de un firme deseo por no limitarse a una sola posibilidad. Con el tiempo comprendió que no se trataba de elegir un único destino, sino de construir un camino que le permitiera aprender, explorar y reinventarse constantemente. Como aquella emblemática frase: puedes ser lo que quieras ser.

Esa búsqueda la llevó a descubrir su sensibilidad ante la injusticia: no soportaba la violencia hacia quienes no podían defenderse —ni animales, ni naturaleza, ni personas marginadas—. Y fue así como conoció el sistema de justicia y, con él, su verdadera vocación: ser abogada para ser la voz de quienes no podían hablar por sí mismos.

Una crisis moral que se convirtió en brújula ética

El entusiasmo inicial con el que ingresó a la Facultad de Derecho de la UAEMex pronto se vio retado por una experiencia desconcertante. En un ambiente donde muchos colegas buscaban el poder, el prestigio o “ganar el caso” a toda costa, Minerva enfrentó una profunda crisis moral. La justicia —su principal motivación— parecía, en ocasiones, una prioridad secundaria.

Fue la lectura crítica y el contacto con organizaciones sociales lo que le devolvió la fe en el Derecho como instrumento de transformación. Allí entendió que la abogacía no debía limitarse a representar a quien puede pagar, sino a servir, sobre todo, cuando la justicia falta.

Así encontró su lugar en el Derecho Constitucional y, particularmente, en el Derecho Parlamentario: el espacio donde sus convicciones encontraron una herramienta concreta para el cambio.

Fe, familia y propósito: la herencia de su abuela

Aunque sus padres han sido pilares fundamentales, la influencia de su abuela materna, la Maestra Sara Vallejo, marcó de forma especial su camino. Desde pequeña, Minerva memorizó un versículo bíblico que su abuela le enseñó con dedicación: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33). Aquella enseñanza, transmitida con sabiduría y amor, se convirtió con los años en una guía espiritual y moral que orientó sus decisiones más importantes.

Inspirada por el Sermón del Monte y por la figura de Jesucristo —a quien considera el mayor abogado social de la historia—, Minerva encontró una profunda conexión entre fe, ética y derecho. En su visión, estas no son ideas separadas, sino caminos complementarios para construir un mundo más justo, humano y libre.

El Derecho Parlamentario como trinchera social

Su pasión por el Derecho Parlamentario no es casual. Para Minerva, la posibilidad de participar en la creación o reforma de normas representa una de las formas más efectivas de transformar realidades de manera colectiva. Como abogada legislativa, ha entendido que la técnica jurídica, bien aplicada, puede tener un alto impacto social.

“El Derecho Parlamentario me permitió ejercer mi vocación como abogada social, trabajando de la mano con representantes populares para que la legalidad, la equidad y la inclusión se reflejen en las leyes que rigen nuestra convivencia.”

Servir desde todos los niveles para un mismo fin

A lo largo de su trayectoria, Minerva ha transitado por distintos niveles de gobierno —municipal, estatal y federal—. En cada uno, su compromiso ha sido el mismo: usar el servicio público como una plataforma para promover los valores que la mueven.

Más que cumplir funciones administrativas o técnicas, su meta ha sido ejercer con conciencia, haciendo de cada acción una aportación al bienestar común. En su visión, el Derecho se convierte en una herramienta viva cuando se utiliza para generar condiciones de justicia y dignidad para todos.

Soñar con una tribuna que represente muchas voces

El futuro para Minerva Estrada no se visualiza en la comodidad de una oficina, sino en el ejercicio activo de la justicia. Sueña con representar voces silenciadas, con hablar por quienes no han sido escuchados, y con transformar desde donde se toman las decisiones que afectan la vida de millones.

“No quiero limitarme a interpretar leyes; quiero darles sentido humano. Mi voz en una tribuna debe representar muchas más que no se escuchan directamente, pero claman por verdad y dignidad.”

Un consejo a la Minerva que iniciaba este camino

A la joven que apenas comenzaba su carrera en Derecho, Minerva le diría:

“Está bien que pienses diferente. Está bien que no quieras lucrar desde la necesidad de la gente. Vas bien. Más vale tener paz que tener pan.”

Una frase que sintetiza el espíritu con el que ha vivido su vocación: dignidad sobre conveniencia, justicia antes que reconocimiento, y fe como guía en cada paso.

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