En un país donde el acceso a la justicia sigue siendo desigual y muchas veces distante de quienes más la necesitan, la abogada Mariana Franco ha decidido ejercer el derecho desde una trinchera clara: la defensa feminista con conciencia social. Con una trayectoria joven pero firme, Mariana se ha convertido en una voz indispensable dentro del ámbito del Derecho Familiar, demostrando que la abogacía puede ser también una herramienta de transformación, reparación y dignidad.
El Derecho como acto de resistencia
Para Mariana, el derecho no es neutro ni técnico en abstracto: es profundamente político. Su vocación nació al presenciar de cerca las múltiples desigualdades que enfrentan las mujeres dentro y fuera del hogar. “Vivencias cercanas me mostraron cómo las mujeres enfrentan barreras al momento de acceder a una defensa digna. Sentí la necesidad de hacer algo con esa indignación”, comparte. Así descubrió que el Derecho podía ser una herramienta no solo de justicia, sino de cambio.
Desde entonces, Mariana ha decidido litigar con una postura clara: “poner mis conocimientos jurídicos al servicio de quienes históricamente han sido silenciadas”.
Romper el molde en un sistema resistente
Abrirse camino como abogada feminista en espacios jurídicos dominados por visiones conservadoras ha sido uno de sus mayores retos. Ha enfrentado escepticismo y resistencias por parte de colegas y operadores del sistema, muchos de los cuales aún carecen de perspectiva de género.
¿Cómo lo ha superado? Con formación constante, redes de apoyo entre abogadas feministas y, sobre todo, coherencia. “Con cada caso que acompaño reafirmo que es posible litigar con sensibilidad, técnica y convicción transformadora”, afirma.
Un compromiso que nace de lo personal
Más que un referente externo, Mariana señala que su propia historia es la que marcó su camino. Sobreviviente de una infancia atravesada por distintos tipos de violencia, tomó una decisión radical: romper el ciclo. “Ese fue, quizás, mi primer acto de justicia”, recuerda. Esa experiencia le dio una sensibilidad especial que ha puesto al servicio de otras mujeres que atraviesan procesos similares.
“Mi compromiso con el derecho no es solo profesional. Es personal, ético y profundamente político”, asegura. Mariana entiende que no basta con conocer las leyes, también hay que comprender a quienes las viven.
Derecho familiar con perspectiva feminista
Su trinchera está claramente definida: el Derecho Familiar con perspectiva de género. En él se condensan muchas de las desigualdades que enfrentan las mujeres: sobrecarga de cuidados, violencia doméstica, institucionalización del maltrato. “Litigar en este ámbito es también una forma de resistencia”, explica. Su objetivo es claro: promover procesos legales más humanos, sin revictimización y con justicia real para quienes han sido históricamente excluidas.
Logros que no se ven en diplomas
Para Mariana, el mayor reconocimiento no está en los títulos ni en los galardones. Está en cada mujer que, tras ser acompañada jurídicamente, logra recuperar su voz y su libertad. “Cuando una mujer vuelve a habitar su vida con autonomía, siento que mi trabajo tiene sentido”, afirma con firmeza. Son esas historias de resistencia y renacimiento las que impulsan su día a día.
Soñar con justicia, construir desde la raíz
u mirada al futuro es ambiciosa y profundamente comprometida. Se visualiza liderando proyectos que combinen el ejercicio legal con la pedagogía jurídica, el acompañamiento psicojurídico y la incidencia social. Mariana quiere seguir transformando el sistema de justicia familiar en México, desde la interseccionalidad, los derechos humanos y el feminismo.
“Quiero ser parte de una generación de abogadas que no teme incomodar, que cuestiona, que construye nuevas formas de justicia. Que entiende el derecho no como una barrera, sino como un puente hacia la dignidad”, sentencia.
Un consejo para su “yo” del pasado
A la Mariana que recién empezaba la carrera, le dejaría un mensaje lleno de esperanza:
“Tu compromiso con la justicia y el feminismo no solo tiene un lugar en el mundo jurídico: es profundamente necesario. No estás sola. Tu sensibilidad es una fortaleza. Cree en ti, porque vas a ser parte de una nueva justicia, una que sí escuche, que sí proteja, que sí transforme”.