Gisel Ortiz Ontiveros no solo es una abogada; es una mujer que ha hecho del Derecho un acto de amor, resistencia y transformación. En ella, la justicia no es un trámite: es un rostro, una historia y una esperanza.
De una infancia marcada por el amor y la resiliencia, al camino del Derecho Familiar
La historia de Gisel Ortíz Ontiveros con la abogacía no comenzó en las aulas ni en un tribunal, sino en una conversación íntima con su madre cuando apenas tenía cuatro años. A la pregunta clásica: “¿Qué quieres ser de grande?”, Gisel respondió con seguridad: “Abogada”. Aquella respuesta inocente, nacida en medio del proceso de divorcio de sus padres, fue el inicio de una vocación marcada por la empatía y un profundo compromiso con las familias.
“Vi a mi mamá esforzarse para darme lo necesario”, recuerda Gisel. “Desde ese momento supe que quería dedicarme al Derecho Familiar, una rama noble que requiere más que técnica: exige corazón.”
El reto de comenzar sin experiencia… y con esperanza
Como muchas jóvenes en México, Gisel se enfrentó a una dura realidad: para tener experiencia se necesita una oportunidad, pero para obtener una oportunidad, ya te piden experiencia. Esa paradoja, agravada por el difícil momento en el que su madre atravesaba un proceso contra el cáncer de mama, no detuvo su impulso. En lugar de rendirse, buscó caminos alternativos: voluntariados jurídicos, cursos, talleres y cualquier espacio donde pudiera aprender y crecer.
Esa etapa forjó su resiliencia. “Me enseñó a confiar en el esfuerzo constante. Aprendí a decir sí y a estudiar después cómo resolverlo. Hoy, cada logro lo valoro más por lo que me costó alcanzarlo.”
Tres pilares: una madre, un amor y un mentor inolvidable
Cuando se le pregunta por las personas que más han marcado su camino, Gisel no duda: su madre, su esposo y su mentor, el abogado Roberto Acuña (QEPD).
Su madre, ejemplo de fuerza y sacrificio, vendía empanadas con su abuela para ayudarla a pagar la universidad. Su esposo, compañero de vida y verdadero amor, ha sido un impulso constante. Y el licenciado Acuña, quien le abrió las puertas de su primer despacho, le dejó una enseñanza clave: “Nunca digas que no sabes; di que sí, y luego aprende.”
Derecho Familiar: donde cada caso toca el alma
Gisel Ortíz no ve al Derecho Familiar como una rama más del sistema jurídico, sino como una herramienta para sanar. “Es una disciplina que impacta directamente en las emociones, la estabilidad y el futuro de las personas. No se trata solo de leyes, sino de humanidad.”
Su trabajo busca crear entornos seguros, relaciones sanas y decisiones judiciales impregnadas de sensibilidad. “Cada sentencia debería restaurar, no solo resolver”.
Su mayor logro: ser madre sin dejar de ser profesional
Mi León Dante”, así se refiere a su hijo con un amor que desborda cada palabra. Para Gisel, ser madre ha sido una escuela de vida, de fortaleza y de empatía. “Nos hicieron creer que ser madre y abogada eran caminos opuestos. Pero no. Ser mamá no me limita. Me impulsa. Me hace mejor en todo sentido.”
La maternidad le ha dado una perspectiva poderosa que lleva con ella a cada audiencia, cada caso, cada decisión.
Una carrera con visión de justicia transformadora
En los próximos años, Gisel se visualiza dentro del Poder Judicial, no solo como juzgadora, sino como agente de cambio. Su meta es clara: contribuir a un sistema de justicia familiar más accesible, sensible y con enfoque de derechos humanos.
“Quiero que mis sentencias sanen, no solo resuelvan. Que transformen familias y, con ello, comunidades enteras. Porque transformar una familia es construir un México más justo.”
La experiencia electoral de 2025: vocación reafirmada
ecientemente, Gisel participó en el proceso de selección para jueza de primera instancia en materia familiar. Más allá de los votos, la experiencia le dejó una lección de vida: “Ser parte de esta contienda me permitió reafirmar que la justicia no solo se ejerce desde un cargo, sino desde el compromiso con la gente.”
Durante su campaña, recorrió realidades, escuchó historias y enfrentó estigmas. Pero nunca dudó. “La maternidad y el Poder Judicial no se contraponen, se complementan. Y esta experiencia me lo reafirmó.
Un consejo a su yo de hace años
A las nuevas generaciones de abogadas y abogados, Gisel les deja un mensaje que refleja su espiritualidad y tenacidad:
“Si Dios puso un sueño en tu mente y corazón, es porque te dará los medios para cumplirlo. No te desesperes. Lo que ocurre te hará más fuerte. Siempre ten presente que eres más grande de lo que imaginas.”