Mariana Franco: ejercer el Derecho con humanidad, propósito y responsabilidad

Para la abogada Mariana Franco, una trayectoria profesional no se construye únicamente con casos ganados, reconocimientos o grados académicos. Su visión del Derecho parte de una convicción más profunda: detrás de cada expediente existen personas, familias e historias que requieren respuestas jurídicas, pero también sensibilidad, escucha y dignidad.

Mariana Franco atraviesa un momento de consolidación y, al mismo tiempo, de transformación profesional. Su experiencia en materia familiar, acompañada de preparación académica y una visión centrada en los derechos humanos, la ha llevado a replantear el significado del éxito.

La pregunta ya no es solamente hasta dónde puede llegar, sino qué puede construir desde los espacios que ocupa y cuál será el impacto que su ejercicio profesional tendrá en la vida de otras personas.

El Derecho no debe limitarse a resolver conflictos, debe ser una herramienta para proteger derechos y transformar realidades”, sostiene.

Construir una identidad profesional propia

Una de las decisiones más importantes en su trayectoria fue confiar en sí misma incluso antes de contar con resultados que validaran esa confianza.

Apostó por su preparación, por desarrollar una voz propia y por ejercer el Derecho sin renunciar a su esencia para ajustarse a los modelos tradicionales sobre cómo debe conducirse una abogada.

Con el tiempo, esa decisión se convirtió en una de sus principales fortalezas. Para Mariana Franco, la autenticidad no está separada del profesionalismo; por el contrario, es parte de la identidad que ha construido alrededor de una manera particular de comprender la justicia.

Su trayectoria tampoco ha estado libre de obstáculos. Algunos de los momentos que más la han marcado han ocurrido fuera del ámbito estrictamente profesional y la han obligado a reconstruirse.

De esas experiencias surgió una lección que hoy forma parte de su manera de acompañar a otras personas: la fortaleza no consiste en nunca sentir miedo, cansancio o vulnerabilidad, sino en aprender a levantarse, pedir ayuda cuando sea necesario y continuar con mayor claridad.

Una justicia familiar que no revictimice

Actualmente, una parte central de su trabajo está enfocada en fortalecer su práctica en materia familiar desde tres ejes: derechos humanos, perspectiva de género y perspectiva de infancias.

Su visión parte de algo que puede parecer elemental, pero que frecuentemente se pierde entre procedimientos y litigios: detrás de cada expediente existe una familia.

Y en muchos de esos conflictos existen niñas, niños y adolescentes cuyas necesidades y voces deben ocupar un lugar central.

Por ello, Mariana Franco apuesta por una práctica jurídica que evite la revictimización y que sea capaz de comprender integralmente las circunstancias de quienes recurren a la justicia.

Cada vez que una persona vuelve a encontrar claridad, dignidad o esperanza después de sentirse completamente perdida, recuerdo por qué elegí esta profesión”, afirma.

Poner a las infancias en el centro

Otro de los temas que actualmente ocupa su trabajo es la parentalidad corresponsable.

Desde su perspectiva, uno de los grandes desafíos de la justicia familiar consiste en evolucionar de modelos construidos alrededor de la confrontación entre madres y padres hacia esquemas que privilegien el interés superior de niñas, niños y adolescentes.

Esto implica hablar de responsabilidad compartida, derechos y obligaciones, pero también transformar la manera en que social e institucionalmente se entienden los conflictos familiares.

Para Mariana Franco, cuando se habla de familia no solamente se resuelve una controversia presente: también se incide en las generaciones que se están formando.

Por ello, si pudiera impulsar un cambio de fondo, sería transformar la manera en que se entiende y se ejerce la justicia familiar en México.

Su aspiración es clara: que una persona que acuda a una institución encuentre no solamente un procedimiento, sino una respuesta sensible, profesional, accesible y libre de revictimización.

Liderar es asumir responsabilidad

Su concepción del liderazgo también se aleja de la idea tradicional del poder.

Liderar no significa tener más poder que los demás; significa asumir una mayor responsabilidad”, señala.

En una sociedad atravesada por cambios políticos, económicos y sociales, considera que quienes cuentan con espacios de influencia tienen la obligación de utilizarlos para abrir puertas, generar diálogo, formar a otras personas y defender causas, pero también para escuchar.

Desde esa perspectiva, el liderazgo no debería medirse por el protagonismo alcanzado, sino por el impacto generado.

Lo mismo ocurre con los espacios de decisión. Para la abogada, contar con conocimiento, autoridad o visibilidad implica reconocer que las decisiones tomadas desde esas posiciones pueden modificar directamente la vida de otras personas.

Por ello, considera indispensables la ética, la preparación y la conciencia social.

No basta con llegar; también debemos preguntarnos a quién estamos ayudando a llegar después de nosotros”.

La mujer detrás de la abogada

Su forma de ejercer la profesión también está relacionada con su propia historia.

Detrás de la abogada existe una mujer que ha atravesado momentos complejos, que ha tenido que reconstruirse y que aprendió que reconocer la vulnerabilidad no significa ser débil.

Esa experiencia personal le permitió comprender desde otra dimensión el valor de sentirse escuchado, recibir un trato digno y encontrar acompañamiento en circunstancias difíciles.

De ahí que su aproximación a los asuntos familiares busque ir más allá del expediente.

Para Mariana Franco, comprender jurídicamente un conflicto es indispensable, pero también lo es reconocer a las personas que existen detrás de cada controversia.

Esa combinación entre conocimiento técnico y sensibilidad humana se ha convertido en uno de los pilares de su identidad profesional.

Una trayectoria que se mide por lo que transforma

Cuando piensa en su mayor logro, Mariana Franco evita reducirlo a un reconocimiento, un grado académico o un caso ganado.

Lo encuentra, más bien, en haber construido una identidad profesional propia y en haber conseguido que su trabajo tenga un propósito.

Acompañar a personas durante algunos de los momentos más complejos de sus vidas y contribuir a que recuperen claridad y dignidad representa para ella una dimensión del éxito que difícilmente puede medirse mediante títulos.

Esa misma perspectiva define la huella que busca dejar.

Aspira a ser recordada como una abogada que ejerció con conocimiento, pero también con humanidad; por las familias que contribuyó a proteger, por las personas que acompañó y por las nuevas generaciones de profesionales del Derecho a quienes pueda transmitir una manera distinta de comprender la profesión.

Porque, desde su visión, el verdadero alcance de una trayectoria no está únicamente en aquello que una persona consigue para sí misma, sino en aquello que logra transformar a su alrededor.

El poder es responsabilidad. Y mientras más espacios tenga la oportunidad de ocupar, mayor será mi compromiso de utilizarlos con ética, preparación y propósito”.

En esa frase se concentra buena parte de la filosofía profesional que Mariana Franco busca llevar a cada nuevo desafío: hacer del Derecho no solamente una profesión, sino una herramienta capaz de proteger, acompañar y transformar vidas.

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