La política tiene una responsabilidad que va mucho más allá de los tiempos electorales: construir condiciones que permitan a una sociedad avanzar con estabilidad, aprovechar sus capacidades y proyectarse hacia el futuro.
En Sonora, esa responsabilidad adquiere especial relevancia. Las decisiones que se toman desde las instituciones públicas tienen efectos directos sobre la economía, las comunidades, el empleo, la infraestructura y las oportunidades de las próximas generaciones.
Gobernar no consiste únicamente en administrar el presente. Implica tomar decisiones cuyos efectos pueden extenderse mucho más allá de un periodo constitucional. Una política económica, una obra de infraestructura, una estrategia regional o una decisión sobre el aprovechamiento de los recursos naturales pueden modificar durante años las condiciones en las que una sociedad produce, trabaja y vive.
En ese sentido, la política y el rumbo económico de una entidad están profundamente vinculados. Las decisiones públicas pueden generar certidumbre para la inversión, fortalecer las capacidades productivas y crear condiciones para que el crecimiento tenga efectos duraderos.
Sonora posee una posición económica y territorial que le permite participar en sectores estratégicos para México. Pero las ventajas de una entidad no se convierten automáticamente en bienestar. Requieren instituciones capaces de generar condiciones, autoridades con capacidad de gestión y una visión suficientemente amplia para comprender que los grandes objetivos no pueden reducirse a un solo periodo de gobierno.
La política económica necesita continuidad porque la economía también la necesita.
Quien invierte busca certidumbre. Quien produce necesita infraestructura. Quien emprende requiere reglas claras. Y quien trabaja necesita que el crecimiento económico se traduzca en oportunidades reales.
Todo ello demanda algo que en política suele ser difícil de construir: experiencia acumulada.
Una sociedad pierde cuando cada ciclo político considera necesario comenzar nuevamente. Pierde conocimiento institucional, relaciones construidas, proyectos que requerían seguimiento y, en ocasiones, años de trabajo que todavía no habían alcanzado su madurez.
La experiencia dentro de la vida pública tiene un valor que no puede medirse únicamente en años. También se encuentra en el conocimiento del territorio, en la capacidad de gestión, en la construcción de acuerdos y en la comprensión de las instituciones.
La juventud, por su parte, tiene mucho que aportar a esta conversación. Nuevas formas de entender la economía, la tecnología, la participación ciudadana y los desafíos sociales pueden enriquecer la vida pública cuando encuentran espacios para desarrollarse y, al mismo tiempo, dialogar con la experiencia acumulada.
Esa transmisión de conocimiento también es una forma de construir futuro.
Y ese futuro pasa necesariamente por decisiones responsables sobre el territorio y sus recursos. No puede pensarse en crecimiento económico sin considerar el agua, la productividad del campo, el desarrollo urbano y la protección de los recursos que sostienen nuestras actividades. Tampoco puede hablarse de prosperidad si ésta no genera condiciones para que las comunidades y las familias participen de sus beneficios.
La sostenibilidad, por tanto, no debe entenderse como una agenda separada de la economía. Es parte de las condiciones que permiten que una sociedad pueda crecer sin comprometer sus posibilidades futuras.
La política tiene entonces una tarea fundamental: dar dirección, construir acuerdos y generar las condiciones para que aquello que funciona pueda consolidarse, aquello que necesita corregirse pueda transformarse y aquello que aún falta pueda construirse.
Sonora necesita una visión capaz de acumular resultados, preservar aprendizajes y abrir espacios para nuevas generaciones sin perder el valor de la experiencia que ya existe.
Porque una sociedad madura no confunde continuidad con inmovilidad.
El verdadero reto está en saber qué merece permanecer, qué debe transformarse y qué nuevas oportunidades deben construirse. Sobre esa capacidad de reconocer el pasado, comprender el presente y tomar decisiones con visión de futuro se construye una entidad con mayores oportunidades, mayor estabilidad y mejores condiciones para sus próximas generaciones.
Mariana G. Argüelles. Abogada y maestrante en litigación, quien actualmente se desempeña como regidora indígena en el estado de Sonora. A sus 28 años, es una política convencida de que la defensa de los derechos de las mujeres indígenas es una deuda histórica que debemos saldar con acciones firmes, compromiso y justicia social.
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